En los días del cometa.
AQUELLA TARDE QUE NO QUISE SALIR.
1962
Mi codo se apoyaba en la pequeña mesa.
Mi mano recogía suavemente mi barbilla.Frente a mi un libro:estudiaba.
La mesa tenía una luz tenue,macilenta, a la pálida luz del atardecer.
Un airecillo cortante penetraba por la juntura del marco de la ventana.
Debía hacer frío en el exterior.Se notaba un ambiente húmedo inundándolo todo.
Cualquier espíritu de tristeza,si existiese,hubiera tenido su lugar en mí;por eso,desechandolo,me levanté colocando ambas manos robre el yerto radiador.
Como sumido en pensamientos íntimos,fuí levantando pausadamente uno de los visillos-lánguidas deflecaciones del atardecer.
Quedé contemplando la pista del Colegio Menor:el colegio que me había visto llegar hací.a pocos días.
Quizá cualquiera que me viera en aquellos instantes hubiera pensado de mí algo no disparatado a mi ambiente.
Era entonces un autómata que miraba, que advertía tan solo,olvidado de los demás:quizá ya el juego del espíritu albergado.
Sin advertirlo,algo como una sensación de vacío,de soledad,llenando el ambiente, impregnaba mi espíritu que se sentía,decaido ,inconsciente...
Eran esos momentos en que uno busca un "algo"que no se encuentra, porque quizá esté perdido en lontananza de horizontes azules.
Momentos en que se vuelve a buscar y eso que se busca,cuando ya parece estar en nuestro poder,entre nuestras manos,se nos escapa deslizándose entre los gélidos e ilimitados campos de la imaginación.
Y "eso" es que no es táctil;sabemos que existe,que puede ser masculino o simple y grandiosamente tan solo pertenecer al más allá...
Sí; todo eso es cierto, pero precisamente cuando logramos atisbar su fondo, un muro espeso,de humo,de ideas,de razones fantasmagóricas se interpone entre nosotros, nuestro pensamiento y "lo otro", lo que perdura,lo que existe y ,sin embargo...¡no está!.
Entonces nosotros luchamos por vencer ese muro,nos esforzamos,sudamos,con ese sudor espiritual propio de los elegidos,de los místicos y,al final, cuando logramos abrir un resquicio...¡se nos vá!.Es que somos así.
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Era por uno de esos momentos de crisis, de sonambulismo,por el que yo atravesaba entre aquellas cuatro paredes.
Buscaba,en mi soledad,ese "algo" tan buscado y que allí no estaba.
Por eso,llevándome de mis sensaciones ínternas, fuí levantando,pausadamente,uno de los visillos,sin percibir el roce de la batista en mis yemas y miré.
Miré,sí, miré aquella pista , aquel campo de deportes que,como una mancha, como una sombra inmensa se extendía a mis pies,delimitada por sus líneas de cal.
Y a mí, o a mi espíritu de tristeza,le pareció que aquello no era un campo de deportes sino un pedazo de cielo,del negro cielo que amenazaba lluvia, que había caido posándose,allí,delante mismo de nuestra casa.
Y aquellos trazos blancos me parecieron ser otro pedazo de luz,de la luz que se perdía por momentos.
Por eso,para mí cobraron vida,se retorcieron,se contorsionaron, se partieron,en una lucha feroz contra el negro cielo que quería cubrirlo todo con sus tinieblas.
De pronto,algo rompió la monotonía del ambiente, haciéndome emerger de mi mundo de ideas,razones y fantasmágores : unas chispitas,repiqueteando con lentitud,sirvieron. Era que llovía.
Pero yo,aún continué un momento sumido en mis pensamientos;un momento que duró hasta que el agua,golpeando fuertemente,arrancaba lágrimas al cristal.
Fué entonces cuando mi soledad,mi completa soledad- como la de la luz que se retorcía- ya no fué soledad.
Ya tenía un compañero:la lluvia.
Y,al igual que el agua,con su brillo,lo cubría todo,el negro y blanco de la pista, haciéndolo uniforme, me cubrió a mí, espíritu soñador, haciéndome vivir de nuevo mi vida.ahora una vida verdadera, no de hechizos, ni de encantamientos, ni de cosas inverosímiles, o de silencio y acritud inmensos.
Entonces comprendí,de nuevo, que,de verdad estaba solo.
Sólo, con mi lluvia que caía cada vez más estrepitosamente y que,de pronto, decayendo su furia de vendaval, fué disminuyendo, como los segundos del día, que ya empezaba a ser noche, hasta convertirse en las primeras gotas zigzagueantes.
Pero ahora había algo nuevo: el cristal, al cesar la lluvia, la separó de mí y ella,exhalando su postrer hálito o quizá sintiendosedose a su vez como solitaria,como incomprendida, fué haciendo del cristal nuestro muro de separación.
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Un vapor aterciopelado cubría todo el cristal de la ventana,privándome de la vista de su tormento expiratorio.
De nuevo,al dejarme solo,volvieron las ideas ,agolpándose, a crear su danza tétrica en mi mente.
De nuevo,yo volví a buscar "eso" y ya,como la primera vez,lo tenía al alcance de mi manol.
Quise tocarlo,extendí la diestra....pero mi mano sólo alcanzó al cristal produciendo un ancho surco que me uni-o,de nuevo, con la expirante lluvia.
El timbre nos llamaba a cenar: era que se acababa la tarde del domingo.
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